Solucionar y prevenir problemas: ¿qué lecciones se pueden extraer?
La aplicación de parches sigue siendo un desafío complejo para las organizaciones de seguridad debido a factores como la necesidad de aplicar múltiples actualizaciones o cambios de configuración para solucionar un solo problema, así como la negativa empresarial a implementar arreglos en sistemas críticos que generan ingresos por temor a interrumpir las operaciones. Asimismo, el miedo a consecuencias imprevistas que dejen los sistemas inactivos requiere que los equipos de seguridad presenten argumentos financieros comprensibles para obtener el respaldo de la junta directiva y el liderazgo ejecutivo.
En cuanto a la velocidad en la gestión, depender únicamente de la rapidez al desplegar actualizaciones ha llegado a su límite operativo, por lo que se debe evaluar todo el flujo de trabajo de remediación apoyándose en la inteligencia artificial para realizar pruebas previas y decidir si se automatizan o se prueban en entornos reducidos. Por otro lado, los equipos más proactivos evalúan el riesgo considerando el impacto comercial real, la inteligencia sobre amenazas y la ubicación de los activos, en lugar de guiarse únicamente por las puntuaciones estándar o esperar listas oficiales de vulnerabilidades.
Para medir la eficacia en la remediación, los expertos sugieren dejar de priorizar exclusivamente el tiempo medio de resolución y empezar a observar la ventana media de exposición en comparación con el tiempo que tardan los atacantes en armar un exploit, analizando la brecha resultante entre ambos lapsos. La automatización en redes de producción no debe ser total; mientras que las aplicaciones de bajo riesgo con actualizaciones fiables pueden parchearse de forma automatizada, los sistemas críticos que generan ingresos exigen una atención personal y directa por parte de los equipos de seguridad.