Cómo recuperar claves de Wallets de Criptomonedas Exodus : "Not Your Keys, Not Your Coins"... ¿o tal vez sí?
Tuve mi primer ordenador a los 16 años. No tenía disco duro. Solo una enorme disquetera de 5¼ pulgadas y MS-DOS . No aprendí a programar entonces, pero hice algo que acabaría marcando mi forma de entender la informática: me leí la ayuda de prácticamente todos los comandos. Quería saber qué hacía cada instrucción, de dónde venían los datos, adónde iban y qué relación existía entre lo que escribía en la consola y lo que terminaba almacenado en aquel disco. Figura 1: Cómo recuperar claves de Wallets de Criptomonedas Exodus. "Not Your Keys, Not Your Coins"... ¿o tal vez sí? Así aprendí a “ robar ” los programas de diseño gráfico para poder instalarlos en mi primer ordenador que me compré con 18 años, copiando los archivos disquete a disquete, copiando las instrucciones de archivos .ini de Windows , creando directorios… Aprendí a lo bruto! Parte I: La movida. Décadas después, el mundo cripto me ha devuelto exactamente esa sensación. Existe una idea muy asociada a Warren Buffett : no pongas dinero en algo que no comprendes. Yo descubrí hasta qué punto eso era cierto cuando sufrí mi primer problema serio con una wallet . Utilizaba Exodus con pocos fondos para experimentar. En una ocasión quise instalarla como extensión en un navegador. No encontré una extensión oficial en la web de Exodus , pero sí una que aparentaba serlo en el marketplace del navegador. Introduje mis 12 palabras: No funcionó . Lo intenté varias veces y me marché a trabajar. Horas después descubrí que los fondos habían desaparecido. Ahí aprendí mi primera gran lección sobre autocustodia. Yo había configurado una contraseña en Exodus y, de alguna manera, había dado por supuesto que aquella contraseña protegía la wallet en cualquier lugar, como sucede con cualquier cuenta en la nube. No comprendía todavía que aquella contraseña protegía fundamentalmente esa instalación local, mientras que quien dispusiera de mis 12 palabras podía reconstruir el acceso a los activos desde otra aplicación compatible. La lección fue cara, aunque la cantidad fuera pequeña: las verdaderas llaves eran aquellas palabras. Figura 2: Libro dedicado a "Bitcoin: La tecnología Blockchain y su investigación" de Yaiza Rubio y Félix Brezo Pasó el tiempo. Seguí leyendo sobre Bitcoin, blockchain, DeFi y wallets , hasta que otro problema volvió a empujarme hacia dentro de la tecnología. Durante unas pruebas con una tarjeta de débito vinculada a criptomonedas tuve que realizar una conexión que acabó provocando avisos de seguridad en mi wallet de pruebas de Exodus . La aplicación terminó restringiendo determinadas operaciones y el soporte técnico no conseguía ofrecerme una solución clara para mover algunos activos. Ante la impotencia hice algo muy sencillo: restauré las mismas 12 palabras en otra wallet compatible, a ver si funcionaba. Los fondos estaban ahí. Podía operarlos . Y entonces comprendí de verdad algo que hasta ese momento solo conocía superficialmente: la wallet no es el patrimonio. La wallet es una herramienta para acceder, mediante unas claves, a activos registrados en blockchain . Las mismas 12 palabras podían reconstruir las claves desde aplicaciones diferentes. Aquello despertó una pregunta mucho más interesante: ¿qué relación existe entre doce palabras que un ser humano puede escribir en un papel y las enormes cadenas de números que terminan controlando direcciones criptográficas ? Ahí conecté el problema con otra investigación personal que llevaba desarrollando desde hacía muchos años: la sucesión de los números primos. BIP-39 utiliza una lista de 2.048 palabras. Empecé a estudiar sus posiciones y a representarlas mediante coordenadas asociadas a números primos. Esa representación no rompe BIP-39 ni reduce mágicamente su seguridad; me proporcionó, sobre todo, una forma matemática de estudiar las palabras, sus posiciones y las combinaciones válidas.