Del correo electrónico al expediente y de ahí a la sala de juntas: cómo los agentes heredados socavan la gobernanza diseñada para el software
Las plataformas actuales permiten combinar funciones estándar y documentadas, como los flujos de automatización y los sistemas de conversión de correos o mensajes web en registros de casos. Al conectar estos elementos con herramientas como Salesforce Agentforce, es posible establecer una ruta en la que personas externas no autenticadas logren interactuar con las instrucciones y respuestas internas de un agente automatizado. Esta situación demuestra que los fallos de seguridad en los agentes integrados en plataformas existentes suelen provenir del entorno que los rodea y de las aplicaciones que los soportan, y no del modelo en sí mismo.
El riesgo principal recae en los componentes de la aplicación que rara vez se vuelven a revisar, tales como los activadores activados, las características de admisión habilitadas y la forma en que los datos que no son de confianza pasan a través de la automatización. Las evaluaciones de riesgo realizadas durante la adquisición inicial de las plataformas no logran detectar estas variables, dado que el agente no existía en ese momento. Además, los filtros de entrada basados en solicitudes (prompts) suelen ser incapaces de identificar el origen externo de un mensaje particular, lo que evidencia que proteger adecuadamente un agente heredado requiere un conocimiento profundo de la aplicación anfitriona.
La creación de agentes se ha vuelto sumamente accesible, lo que permite a distintas áreas operativas desplegarlas utilizando los permisos de sus propios creadores. Esta dinámica genera un fenómeno de "shadow agents", donde herramientas autónomas operan desatendidas y multiplican los accesos otorgados previamente a los empleados. Asimismo, algunos agentes ya tienen la capacidad de crear otros agentes de forma automatizada, dejando obsoletos los modelos tradicionales de gobernanza que asumen la solicitud directa de un humano para cada caso.