Mountain Quest
Me gusta mucho el concepto de la “ Segunda Montaña ”. Esa que la gente que pone fin a su carrera profesional se marca como objetivo. Encontrar una segunda montaña requiere correr en tu vida laboral con la cabeza alta. No como los jugadores chupones que sólo se miran los pies y la pelota que llevan entre ellos, corriendo, corriendo, corriendo, regateando, para darse cuenta de que no han avanzado después de diez regates. No. A mí me gustan los otros. Los que llevan la cabeza alta y miran al futuro, para no perderse en el día a día y pensar si la carrera que está haciendo tiene o no sentido en cada momento, o ha llegado la hora de pasar la bola. Figura 1: Mountain Quest A mí me gusta mirar al futuro. Siempre lo he hecho. Con anticipación. No me ha gustado que la vida me pille como al camarón, dormido. Siempre he pesando que hay que gastar el tiempo con sentido. Donde lo tienes que gastar en cada momento. Buscando que el día que se acabe la película hayas vivido una aventura que a ti, y solamente a ti, te haya gustado. No vivir la peli de otros. No ser un actor secundario o un figurante. No quiero ser otra ola en el océano, ni sólo otro grano de arena, que dice mi colega de Nueva Jersey . Con la edad que tengo, y la vida a la espalda que he disfrutado, pienso mucho más en lo que significa un año en mi vida. En cuáles son las cosas que quiero hacer ese año, qué proyectos, qué comics, o si hay una nueva montaña en la que enfocarme. Ya hace tiempo que hice el check-point de sobrevivir con el que me configuré en mi adolescencia. Ahora estoy a otras cosas. A hacer que el tiempo cuente. Que cuente historias. Que me deje cicatrices, tatuajes en el alma, y canas en la mirada. El pelo se hizo blanco hace tiempo. La vista se fue yendo línea a línea, palabra a palabra. La energía la atesoro como el que conserva la batería de un iPhone 4 . Me pongo en modo ahorro de energía para que aguante la semana. Semana a semana, que año tras año no he conseguido que sean menos intensas, sino lo contrario, por culpa de la ósmosis. O algo similar. Sigo a 220 , pero las celdas de la batería ya llevan demasiados ciclos de carga. De la carrocería, pues tanto de lo mismo, el deporte se ha encargado de dejarme las “ fuguitas ” que quedan tras carreras de muchas zancadas, caídas por las montañas, retorcimientos de ligamentos con pies atados a una tabla y los saltos de cabeza con el skate , sin casco, por supuesto. Y rabadilla lastimada de caídas en patines. También los recuerdos vuelven con filtros de otras épocas. Fotos polaroid, de fotomatón, hechas con móviles HTC , o recortadas las esquinitas en redondo. Con petos de pana, pelo a lo tazón, y gafas de estrabismo. Recuerdos de viajes con barba y cinta a la cabeza. De noches persiguiendo la madrugada por las calles de cualquier ciudad de España . Recuerdos que cuando alguien te los desbloquea se convierten en oro. Abrazos de amigos que ya no están. O que están peor que la batería del iPhone 7 que se quemó. He atesorado muchas historias con ellos a lo largo de mi vida como para escribir varios libros. Y sí, me han ofrecido ya varias veces escribir algún libro sobre esas cosas que aprendí por el camino, pero nunca he querido. Siempre pensé que era mejor vivir nuevas aventuras que pararme a dejar mi constancia de las vividas en el pasado. Tal vez porque una de las cosas que pasan por mi cabeza son borrar todo rastro de mi vida pública eliminando todo lo que he compartido en Internet alguna vez, el día que decida pasar a vivir mi séptima y última vida. Lo cierto es que, cada día me levanto feliz. No me importa nada lo que tenga que hacer o me haya sucedido. Me siento agradecido de tener un día más para vivirlo. Miro mis horas por delante, y pienso en lo que voy a hacer con ellas. En por qué hago lo que hago ahora, pensando en qué es lo que quiero disfrutar hoy, y por qué la inversión en estas cosas me compensa. A pesar de haber viajado mucho, aún me quedan por hacer los viajes que no hice.