El contexto es fundamental en la lucha contra los ciberataques modernos
La ciberseguridad ha mantenido tradicionalmente un enfoque reactivo enfocado en identificar y detener eventos maliciosos aislados. Sin embargo, los ataques modernos han cambiado y ahora comienzan con acciones cotidianas o comunes que parecen inofensivas, pero que, al no ser desafiadas, escalan progresivamente hasta convertirse en una brecha de seguridad importante.
El problema principal no es la falta de datos por parte de los defensores, sino la fragmentación de la información en herramientas desconectadas que generan puntos ciegos. Para contrarrestar esto, es necesario transitar hacia una defensa contextual y agéntica mediante el ciclo OODA, pasando de preguntar si un evento es malicioso a evaluar hacia dónde se dirige la amenaza vinculando múltiples señales, como el comportamiento del usuario, el contexto de los dispositivos, la actividad en la red, las vulnerabilidades conocidas y la inteligencia de amenazas.
Este enfoque permite a los equipos de seguridad centrarse en incidentes relevantes y aplicar respuestas proporcionadas y precisas sin causar interrupciones innecesarias. Para establecer una base de ciberseguridad contextual sólida, las organizaciones deben auditar la calidad de los datos, definir límites claros de autoridad para las acciones automatizadas, garantizar que estas acciones sean visibles y reversibles, planificar la escalabilidad frente a los ataques impulsados por inteligencia artificial y medir los resultados operativos en lugar de la mera actividad.