El dominio .IA se juega su futuro el 6 de abril en Europa
Cada vez que una startup , un laboratorio universitario o un equipo de ingenieros en España, Portugal o Latinoamérica lanza un proyecto puntero de Inteligencia Artificial y registra un dominio .ai , está pagando un peaje geopolítico y económico a Anguila , un pequeño Territorio Británico de Ultramar en el Caribe cuyo código geográfico ISO 3166-1 coincide, por puro azar del idioma inglés, con las siglas de Artificial Intelligence . Figura 1: El dominio .IA se juega su futuro el 6 de abril en Europa Mientras millones de Euros en renovaciones anuales de dominios fluyen hacia el Caribe por una simple coincidencia ortográfica anglosajona, más de 600 millones de hispanohablantes —junto a hablantes de francés, italiano, portugués, rumano, catalán o gallego— llamamos a la tecnología que está redefiniendo nuestro siglo con las siglas en nuestro propio orden: IA (Inteligencia Artificial) . Y lo más fascinante es que el código .IA tiene un hogar natural dentro de nuestras propias fronteras europeas, en las coordenadas exactas 35°52'N 23°18'E del mar Egeo : la Isla de Anticitera (Grecia) , el lugar donde en 1901 unos buzos de esponjas rescataron del fondo del mar el Mecanismo de Anticitera , el prodigio de engranajes de bronce de hace más de 2.100 años considerado el primer ordenador analógico de la historia de la humanidad. Figura 2: El Mecanismo de Anticitera en el lecho del mar Egeo frente a los acantilados de la isla Cuando en diciembre de 2023 publiqué aquí mismo, en El Lado del Mal , aquel primer artículo titulado « El proyecto del Country-Code Top-Level-Domain .IA para la Isla Anticitera: Conectando pasado y futuro con un Domain Hack », agradecí a Chema Alonso que me prestase su altavoz tras escribirle por MyPublicInbox para compartir lo que yo mismo bauticé entonces como « una idea loca loquísima ». Hoy vuelvo a estas páginas para contaros qué ocurre cuando te tomas una « idea loca » con mentalidad de ingeniero: hemos auditado el sistema operativo jurídico de la Unión Europea, hemos encontrado la llamada al sistema adecuada y hemos logrado que la Comisión Europea registre oficialmente la iniciativa en Estrasburgo . De pedir firmas en Internet a ejecutar un «Legal Hack» en Estrasburgo Al principio hicimos lo que hace todo el mundo cuando quiere cambiar algo: abrir una petición simbólica en Internet para hacer ruido. Pero pronto entendimos una verdad incómoda de la ingeniería institucional: las plataformas privadas de firmas no tienen permisos de escritura ( root ) en el Boletín Oficial de la Unión Europea . Bruselas no mueve un sólo engranaje regulatorio por mucho ruido que hagas en redes sociales si no utilizas sus propios protocolos vinculantes. Así que decidimos hacer lo que haría cualquier hacker ante un sistema cerrado: leer la documentación técnica de los Tratados Europeos. Descubrimos que existe un mecanismo constitucional de democracia directa capaz de obligar jurídicamente a la Comisión Europea a tramitar legislación comunitaria: la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) regulada por el Reglamento (UE) 2019/788 . Pero para atravesar el primer cortafuegos —el examen de admisibilidad jurídica de los servicios legales de Bruselas — teníamos que superar dos barreras que tumban a la mayoría de propuestas: El Comité de las Siete Naciones: Levantar una alianza ciudadana internacional encabezada por al menos siete ciudadanos residentes en siete Estados miembros distintos de la Unión Europea. La prueba de competencia estricta de los Tratados : Demostrar artículo por artículo que la Comisión Europea tiene competencia legal real para legislar sobre un dominio de nivel superior .IA sin salirse del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).