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Ciberseguridad

Un antiguo empleado de OpenAI acusado de colocar micrófonos ocultos en una sala de reuniones tenía previsto viajar a Arabia Saudí, según la fiscalía

Fuente: SecurityWeek Publicado: 20/10/2026 · 12:33 UTC
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Ciberseguridad Un antiguo empleado de OpenAI acusado de colocar micrófonos ocultos en una sala de reuniones tenía previsto viajar a Arabia Saudí, según la fiscalía
Imagen: SecurityWeek

Fis­ca­les fe­de­ra­les in­for­ma­ron que un exem­plea­do de Ope­nAI, acu­sa­do de co­lo­car clan­des­ti­na­men­te un apa­ra­to de gra­ba­ción en una sala de jun­tas para ob­te­ner in­for­ma­ción cor­po­ra­ti­va, es­tu­vo a pocos días de huir a Ara­bia Sau­di­ta antes de ser arres­ta­do. Según la fis­ca­lía, la es­po­sa y el hijo pe­que­ño del acu­sa­do sa­lie­ron del país poco des­pués de su de­ten­ción uti­li­zan­do pa­sa­jes com­pra­dos por un fun­cio­na­rio mi­li­tar saudí. Por su parte, la de­fen­sa ar­gu­men­tó que el in­di­vi­duo posee pro­fun­dos víncu­los con Es­ta­dos Uni­dos, con­ta­ba con una en­tre­vis­ta de na­tu­ra­li­za­ción pró­xi­ma y es­ta­ba dis­pues­to a en­tre­gar la mayor parte de sus bie­nes en el país como ga­ran­tía para su li­be­ra­ción.

Un juez fe­de­ral en San Fran­cis­co re­cha­zó la pe­ti­ción de los abo­ga­dos de­fen­so­res para per­mi­tir el con­fi­na­mien­to do­mi­ci­lia­rio del acu­sa­do, al con­si­de­rar que exis­ten ries­gos de fuga y un su­pues­to res­pal­do por parte de un go­bierno ex­tran­je­ro. Los fis­ca­les se­ña­la­ron que el pro­ce­sa­do man­te­nía co­mu­ni­ca­ción cons­tan­te con un miem­bro de la fa­mi­lia real saudí que in­ten­ta­ba re­clu­tar­lo para un pro­yec­to de in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial en dicho reino, aun­que hasta el mo­men­to no se ha es­cla­re­ci­do el des­tino exac­to que pre­ten­día dar a las gra­ba­cio­nes ob­te­ni­das.

La in­ves­ti­ga­ción de­ta­lla que el dis­po­si­ti­vo de audio fue ocul­ta­do en un rollo de papel hi­gié­ni­co y co­nec­ta­do a un puer­to USB de­trás de un te­le­vi­sor en una sala eje­cu­ti­va de ac­ce­so res­trin­gi­do, donde se tra­ta­ban asun­tos con­fi­den­cia­les y es­tra­té­gi­cos. La em­pre­sa afec­ta­da ca­li­fi­có el apa­ra­to como so­fis­ti­ca­do y di­fí­cil de de­tec­tar, y aña­dió que exis­ten in­di­cios de pla­nes para ins­ta­lar mi­cró­fo­nos adi­cio­na­les en otras áreas de las ofi­ci­nas. Tras su arres­to, el in­ge­nie­ro fue des­pe­di­do y ahora en­fren­ta un cargo por in­ter­cep­tar co­mu­ni­ca­cio­nes me­dian­te dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos o me­cá­ni­cos, lo que po­dría aca­rrear una pena de cinco años de pri­sión en caso de ser ha­lla­do cul­pa­ble.