La nueva realidad de los seguros cibernéticos: la suscripción no es suficiente
El panorama cambiante de las amenazas cibernéticas, impulsado por el uso de modelos de lenguaje grande, la inteligencia artificial y técnicas avanzadas de ingeniería social, ha obligado a las aseguradoras de ciberseguridad a ir más allá de la simple transferencia de riesgos y participar de manera activa en la defensa de las organizaciones. Con el crecimiento de esta industria, reflejado en el aumento de primas y de reclamaciones, las compañías de seguros exigen posturas de seguridad más estrictas a sus clientes, tales como autenticación multifactor, detección y respuesta en puntos finales, copias de seguridad inmutables y controles de acceso privilegiado, alejándose de los formularios estáticos anuales hacia evaluaciones de riesgo más continuas.
Además de fijar requisitos rigurosos para la cobertura, las aseguradoras se han convertido en actores activos al ofrecer de manera directa o en colaboración con otros proveedores herramientas de seguridad, servicios de evaluación de riesgos, pruebas de penetración, capacitación y respuesta automatizada ante incidentes. Modelos de seguros activos defienden que este acompañamiento reduce las reclamaciones y los gastos de bolsillo para los asegurados, aunque persisten desafíos importantes para modelar adecuadamente amenazas sistémicas complejas, como la posible caída de un proveedor principal de la nube o de identidad.
Ante la dificultad de medir ciertos riesgos a gran escala, las aseguradoras están modificando las pólizas mediante la inclusión de exclusiones por guerra vinculadas a actividades de estados sin conflicto declarado, exclusiones por eventos generalizados y sublímites para la interrupción de negocios dependientes. Esto deja en evidencia que, a pesar de la ayuda en la prevención que aportan las aseguradoras, gran parte de la pérdida potencial ante incidentes masivos sigue recayendo directamente sobre las propias organizaciones.